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Oliver es un hombre que quiere cambiar de vida. Durante una entrevista de trabajo su futura jefa le ofrece probar unos hongos alucinógenos. Oliver comienza a ver que en el futuro se quedará dormido delante del ordenador y que un cliente le grabará con el móvil dando cabezadas. Oliver querrá que el cliente borre ese vídeo del móvil, y el cliente no querrá. De la lucha de dos cabezones nace esta historia de búsqueda de la dignidad y del sentido de la vida.

Autor y director: Alfredo Sanzol
Con Sandra Ferrús, Mireia Gabilondo, Aitziber Garmendia,  Iñaki Rikarte y Martxelo Rubio.
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CRÍTICA
Viva lo impensable. Alfredo Sanzol firma y dirige ‘La calma mágica’, un texto divertido, misterioso y emocionante, interpretado por un no menos estupendo reparto.
El teatro de Alfredo Sanzol comienza con el trémolo de placer anticipado de los viajes sorpresa. En sus obras nunca sabes lo que va a pasar, porque sus personajes siempre están a las puertas de la aventura, la poesía, la imaginación, el cambio. Sanzol nunca niega nada porque ha sabido mantener la mirada del niño, permanentemente extrañado y maravillado por los sorprendentes recodos (y recados) de la vida. La calma mágica es una comedia de vericuetos enigmáticos, muy divertida, llena de ritmo y emoción, porque su autor es un maestro a la hora de pasar del humor al dolor, y viceversa, sin que advirtamos el tránsito.

Marcos Ordóñez, EL PAÍS

 

Estar en paz con uno mismo es jodido que te cagas. Es algo parecido a la felicidad, que ocurre a veces, como en destellos. Estar en paz con uno mismo es estar en paz con tu presente y eso pasa por estar en paz con tu pasado. Estar en paz con tu padre, por ejemplo, o con tu madre, debe proporcionar una calma mágica. Alfredo Sanzol, que camina con paso firme hacia la excelencia como autor y como director, dedica esta obra a su padre. El eslabón que cada uno es en la gran cadena humana, se cierra definitivamente en la doble circunstancia de perder al padre y tener un hijo. Ahora el testigo está en tus manos. Quizás ser adulto, como se dice en la obra, pasa por ser huérfano. Aspirar a esa tranquilidad vital, a vivir esa transición y su devenir con calma, debe ser el sentido de nuestra existencia. O uno de ellos. Sea como sea, el título de la función está muy bien puesto. Y la experiencia, como espectador, es ciertamente mágica.
Álvaro Vicente, ESCENA GODOT